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Relatos

Wolfdux – XIII

Cruzo el largo pasillo y me detengo frente a la entrada de la sala de reuniones. Me aclaro la garganta y llamo a la puerta antes de entrar.

—Buenos días —saludo inclinando un poco la cabeza.

Me siento en mi silla y coloco sobre la mesa la novelette y la cajita con los pendrives.

—¿Es eso lo que creo que es? —dice Terry con una sonrisa de oreja a oreja.

—Sí. Queríais una novelette, pues aquí la tenéis.

—Queríamos una novela —interviene George.

—Y yo quiero que publiques de una vez Vientos de invierno… —digo hiriente.

—¡Wolfdux! —me amonesta John.

—Lo siento… No se volverá a repetir. —Me vuelvo hacia George y le guiño un ojo—. Sin rencores.

Me aclaro la garganta, abro la cajita y se la entrego a Terry.

—Dentro encontraréis el manuscrito y el calendario de publicación del año que viene.

Terry observa la cajita, recoge un pendrive con la forma de Gran A’Tuin, y la pasa hacia su derecha.

—¿Podrías acercarme eso? —habla John señalándome la novelette.

Se la entrego y tras hojear un par de páginas la deja sobre la mesa.

—¿La venganza de Hooker? —lee en voz alta.

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Ciencia ficción

Fuerte Jay

(Continuación de «Lexa Bhuvier«)

—¿Pero qué cojones…? —exclamé saliendo del aerodeslizador destrozado.

Me froté los ojos y a través de la borrosidad descubrí como unos hombres armados con subfusiles iónicos corrían hacia nosotros.

—¿William? —me apresuré a buscar a mi compañero—. ¿Estás bien?

—Un poco magullado —contestó acercándose a mí.

—¿Cuántos has visto?

—Dos por la izquierda y tres más por la derecha.

—Voy por aquí. —Desenfundé mi arma.

Me deslicé hacia el lateral y sorprendí al primero de los atacantes. Para cuando el segundo reaccionó ya le tenía agarrado del brazo y lo utilizaba de escudo.

El tercero dudó el tiempo suficiente para permitirme apretar el gatillo antes que él. Por el rabillo del ojo, observé como William asestaba un puñetazo al último de ellos.

—¿Donald?

—Estoy bien —contesté.

William caminó hasta colocarse a mi lado y sacó su pantalla holográfica. Un mapa del fuerte apareció y nos mostró la ruta de acceso más rápida.

—Cuánta seguridad… —dijo William al puentear la señal de las cámaras de vigilancia—. Creo que nos harán falta esos subfusiles de ahí…

Me acerqué a uno de los hombres que yacían en el suelo y le arrebaté el arma.

—Es más ligera de lo que parece —anuncie tras sopesarla.

Tan rápido como William se hizo con un arma, emprendimos el camino hacia lo que parecía ser la entrada de mercancías. Dejamos el aerodeslizador atrás y corrimos junto a la muralla hasta llegar al muelle.

La luz de un helicóptero militar me sobresaltó y me puse en guardia. Nos acercamos con cautela, pero uno de los hombres que vigilaba  me descubrió.

—¡Los intrusos están en el muelle! —informó a sus compañeros.

Abrieron fuego contra nosotros, por lo que tuvimos que saltar en busca de refugio, ocultándonos tras una columna. Dave Baladejo salía del muelle y corría, rodeado por una escolta, hacia el jet.

Salí de me escondite y disparé tan rápido como pude. Los tres dieron en el blanco, avancé un par de pasos y volví a ponerme a cubierto. William me hizo señas para que cubriera su avance, solo quedaban dos hombres entre el jet y nosotros.

—¡Cúbreme! —pidió William.

Sin pensármelo dos veces abrí fuego y observé como mi compañero lanzaba uno de sus explosivos.

—¡Dispárale! —gritó.

Confié en no errar el tiro y apreté el gatillo. Esperaba una implosión, pero el estruendo y la onda expansiva fue mayúsculo. El jet ardía y Dave se levantaba del suelo magullado.

—Quedas detenido por el asesinato de Gerald Adser —anuncié encañonándole.

—No tienes pruebas —contestó Dave levantando las manos.

—Tenemos a Lexa— intervino William.

—¿La puta? —Expiró profundamente y tosió con dificultad—. Poco podrán decir un montón de cenizas. ¿Ves ese humo de ahí?

Alcé la vista y contemplé un humo negro que salía de una de las chimeneas.

—Habéis llegado tarde —sentenció Dave risueño.

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Fantasía

La cueva del dragón III

(Continuación de «La cueva del dragón II«)

Los gritos de Bonn retumban por toda la sala y los esqueletos no parecen suponer un problema. Rym respira aliviada al contemplar como su compañero acaba con ellos con suma facilidad.

—¡Muere! —exclama golpeando a un no-muerto—. ¡Tú también! —añade al girarse y atacar al que se le acerca por la espalda.

Rym se acerca a Bonn cuando derrota a todos los enemigos y le ofrece un poco de agua.

—Gracias…

Mientras recupera el aliento, Rym inspecciona la sala: es alargada y a ambos lados hay un hilera de sarcófagos.

—Debe de haber más de cuarenta… —informa desviando la mirada hacia el fondo de la estancia.

Unas escaleras conducen a lo que parece ser un gran sarcófago en una zona elevada.

—Tengo un mal presentimiento —interviene Bonn.

—No seas tonto. —Rym no puede evitar esbozar una sonrisa—. Vamos. —Le da un cachete en el culo y camina hacia las escaleras.

Bonn la sigue al tiempo que mira con desconfianza los huesos esparcidos por el suelo.

—No me fío… ¿Quién te dice que no vayan a levantarse otra vez?

—¿Los esqueletos? —contesta ella pateando una tibia que tiene delante—. Qué más da… Ni que te hayan supuesto algún problema.

—La verdad es que si —ríe.

Al subir las escaleras una nueva corriente de aire recorre la sala haciendo centellear las antorchas. Bonn se voltea y contempla como los esqueletos comienzan a alzarse de nuevo.

—¿Queréis la revancha? —exclama risueño, agarrando la maza.

Rym percibe una poderosa presencia mágica procedente del sarcófago justo antes de observar como este se abre con violencia. Bonn detiene su ataque y desvía la mirada hacia arriba.

—¡Cuidado, Rym! —avisa interponiéndose entre ella y el nigromante que acaba de aparecer.

El brujo levita y les lanza una bola de fuego que sale directamente de sus manos. Para sorpresa de Bonn, un escudo protector les protege del impacto.

—¡No! —grita, volviéndose hacia Rym—. No uses la magia.

—Pues acaba con él —sugiere ella frunciendo el ceño sin quitarle el ojo de encima a su atacante.

Bonn asiente con la cabeza y se prepara para entrar en modo berserker. Rym mantiene el escudo unos instantes y lo hace desaparecer en el mismo instante que Bonn carga escaleras arriba.

Un crujido a sus espaldas hace que Rym se volteé. Los esqueletos llegan a las escaleras y tratan de atacarle, pero consigue esquivarles saltando hacia el lateral. Cuando aterriza alza la mano izquierda al tiempo que hace un movimiento con la derecha e inspira profundamente. Un diminuto punto de luz surge de su mano, flexiona los brazos y lanza el conjuro contra los esqueletos quienes son repelidos hasta estrellarse en el fondo de la sala.

Bonn sube los últimos peldaños y se abalanza contra el nigromante quien se eleva para esquivar el mazazo y lanzarle un hechizo, dejándolo paralizado. El brujo se prepara para contraatacar. Levanta la mano izquierda y unas llamas comienzan a salir de sus dedos, creciendo hasta convertirse en una bola de fuego del tamaño de un barril. Bonn incapaz de moverse, entrecierra los ojos cuando una gran cantidad de huesos vuelan directo hacia el nigromante y le golpean por la espalda.

Rym dirige con el movimiento de sus manos los restos de esqueleto por el aire, arremetiendo una y otra vez al brujo. El hechizo sobre Bonn se desvanece en el momento en que el nigromante se encara con Rym y lanza la bola de fuego contra ella.

—¡No! —grita Bonn al observar a su compañera.

Rym traza un circulo en el aire y los huesos forman una barrera que evitan que reciba el impacto. El brujo señala hacia ella con las dos manos y lanza una nueva bola, esta vez mucho más potente.

Rym salta hacia atrás en el mismo instante en que la barrera de huesos queda reducida a cenizas. Coge aire y susurra unas palabras. Unos rayos comienzan a surgir de sus manos y los lanza contra el nigromante. Los dos conjuros chocan en el aire y danzan violentamente frente a los ojos de Bonn.

—¡Estoy segura que es muy bonito de ver! —habla Rym con dificultad—. ¿Pero podrías acabar con él de una vez?

Bonn al escuchar a su amada vuelve en sí y ataca al nigromante quien no puede hacer nada por esquivar el golpe. La maza impacta directamente en la cabeza del brujo y las llamas desaparecen haciendo que la descarga de Rym le golpee. El nigromante cae abatido a los pies de Bonn.

—Está… muerto —anuncia Rym dejándose caer de rodillas al suelo—. No siento su magia.

Bonn se acerca al manojo de ropa y lo inspecciona con su maza. Sorprendido, enreda la túnica en la punta y la eleva, pero no hay rastro del cuerpo del nigromante. Al lanzarla al suelo el sonido de una pieza metálica capta su atención. Se arrodilla ante la túnica y rebusca en su interior.

—¡Rym! —exclama al palpar lo que parece ser una diadema—. Creo que la hemos encontrado.

Cuando saca la reliquia y se la muestra a su compañera descubre aterrado a Rym tirada en el suelo.

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Relatos

Wolfdux – XII

—Si lo he entendido bien —recapitula Marcus—: ¿le han dado un ultimátum?

Asiento y me dirijo al mueble bar. Cojo una copa, tiro un par de cubitos en su interior y añado un poco de Baileys.

—¿Puede prepararme uno a mí?

—¿Cómo?—pregunto al no creer lo que acabo de oír.

—Si puede prepararme uno igual para mí —repite señalándome mi bebida.

—¡Ja! No sé cómo te lo montas, pero siempre me sacas una sonrisa —exclamo mientras se la preparo.

Marcus se acerca a la ventana y mira al exterior.

—¿Tiene alguna idea? ¿Cree que logrará darles lo que le piden?

—¿Alguna idea? —exclamo dándole su copa—. ¡Muchas!

—Perfecto, pues. —Sonríe y brinda conmigo.

—Eso sí. Solo tenemos dos meses…

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Relatos

Gabriel

David entró en la tienda con paso decidido tras atravesar el laberinto de callejuelas.

—¡Tú! —exclamó señalando al hombre que había tras el mostrador—. ¡Me las vas a pagar!

El hombre al verlo, abrió los ojos de par en par y retrocedió hasta tocar con la espalda la estantería que tenía detrás de él.

—¿Cómo has…? —dijo con voz temblorosa.

David se encaramó al mostrador, le agarró de la camisa y lo atrajo hacia él, golpeándole con todas sus fuerzas en la cara.

—Serás desgraciado… —maldecía mientras seguía golpeándole.

—Por favor, para… —pidió tratando de cubrirse el rostro—. Puedo compensarte.

—¿Compensarme? —dijo lanzándolo contra el suelo—. Debería de matarte aquí mismo, malnacido…

—No tuve elección —explicó limpiándose la sangre que le brotaba de la nariz—. Gabriel quería acabar contigo, y amenazó con quemar la tienda si no cooperaba.

David miró a su alrededor, recogió uno de los sombreros y se carcajeo.

—¿Así que me vendiste por esta mierda? —dijo mirando con desprecio el borsalino que tenía en la mano antes de lanzárselo—. Lamentarás el día que me traicionaste, Roberto.

—¡Espera! —intervino al tiempo que se levantaba del suelo—. Como te he dicho, puedo compensarte.

David al escuchar de nuevo esas palabras apretó los puños y se puso rojo.

—No hay nada que puedas hacer para compensar por todo lo que he pasado…

—¿Ni ofreciéndote la oportunidad de localizar a Gabriel?

David sopesó lo que le acababa de decir Roberto. Se aclaró la garganta y le hizo un gesto para que continuara.

—Desde hace un par de semanas está viviendo en el château que hay en la colina —dijo sacudiéndose el polvo de encima—. Este fin de semana organiza una reunión de negocios para establecer su nuevo horizonte de inversión. Es una oportunidad única para acaba con él y con todos sus socios.

—Pues ya estás averiguando una forma para que podamos entrar —espetó David petándose los nudillos.

—¿Podamos? —quiso saber Roberto.

—¿Acaso crees que voy a ir solo? —informó con una sonrisa—. Aún te queda mucho por compensarme.

—Yo… no…

—¡Calla! Es hora de darle pasaporte a ese hijo de puta… —anunció golpeando el mostrador con la palma de la mano.