Copias exactas

Motoko observaba la humeante calle mientras la lluvia caía sobre sus hombros desnudos. Cientos de carteles luminosos daban la sensación de que la noche no había llegado a la cuidad de Osaka.

—Mayor Kusanagi —habló una voz detrás de ella—, el fugitivo está en la última planta del edificio.

Al escuchar la ubicación, no dudó ni un instante, comenzó a correr en dirección a la fachada y con un acrobático salto ascendió hasta el tercer piso. Se agarró al alféizar de una de las ventanas y se impulsó hasta la barandilla de uno de los balcones que había en la última planta.

Desenfundó su arma y abrió la puerta con sigilo. Percibió el sonido de alguien escribiendo sobre un teclado rudimentario. Se dirigió hacia la habitación cuando una sombra se abalanzó sobre ella. Haciendo gala de sus excelentes reflejos, rodó por el suelo consiguiendo esquivar el ataque.

—Veo que ya os habéis conocido. —Un hombre con el pelo enmarañado apareció por el umbral de la puerta—. Veamos que eres capaz de hacer contra alguien como tú…

Motoko desvió la mirada hacia su agresor y no pudo evitar sorprenderse al verse a sí misma frente a ella.

—Podías haberle puesto algo de ropa…

El hombre soltó una carcajada y se ajustó las gafas con lascivia.

—¿Entonces cómo os iba a diferenciar? Sois dos copias exactas…

Sin previo aviso, Motoko disparó a su doble. Esta reaccionó tal y como había sospechado: rodó hacia el lateral con maestría esquivando la bala. Entonces corrió hacia el fugitivo y lo inmovilizó bajo la atenta mirada de su adversaria.

—Tienes tan solo dos opciones: desactivas a ese clon mío o me deshago de ambos…

—¿Que la desactive? ¿Acaso crees que tiene un botón de apagado? —Rio—. Está viva, igual que tú.

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