Fuerte Jay

(Continuación de “Lexa Bhuvier“)

—¿Pero qué cojones…? —exclamé saliendo del aerodeslizador destrozado.

Me froté los ojos y a través de la borrosidad descubrí como unos hombres armados con subfusiles iónicos corrían hacia nosotros.

—¿William? —me apresuré a buscar a mi compañero—. ¿Estás bien?

—Un poco magullado —contestó acercándose a mí.

—¿Cuántos has visto?

—Dos por la izquierda y tres más por la derecha.

—Voy por aquí. —Desenfundé mi arma.

Me deslicé hacia el lateral y sorprendí al primero de los atacantes. Para cuando el segundo reaccionó ya le tenía agarrado del brazo y lo utilizaba de escudo.

El tercero dudó el tiempo suficiente para permitirme apretar el gatillo antes que él. Por el rabillo del ojo, observé como William asestaba un puñetazo al último de ellos.

—¿Donald?

—Estoy bien —contesté.

William caminó hasta colocarse a mi lado y sacó su pantalla holográfica. Un mapa del fuerte apareció y nos mostró la ruta de acceso más rápida.

—Cuánta seguridad… —dijo William al puentear la señal de las cámaras de vigilancia—. Creo que nos harán falta esos subfusiles de ahí…

Me acerqué a uno de los hombres que yacían en el suelo y le arrebaté el arma.

—Es más ligera de lo que parece —anuncie tras sopesarla.

Tan rápido como William se hizo con un arma, emprendimos el camino hacia lo que parecía ser la entrada de mercancías. Dejamos el aerodeslizador atrás y corrimos junto a la muralla hasta llegar al muelle.

La luz de un helicóptero militar me sobresaltó y me puse en guardia. Nos acercamos con cautela, pero uno de los hombres que vigilaba  me descubrió.

—¡Los intrusos están en el muelle! —informó a sus compañeros.

Abrieron fuego contra nosotros, por lo que tuvimos que saltar en busca de refugio, ocultándonos tras una columna. Dave Baladejo salía del muelle y corría, rodeado por una escolta, hacia el jet.

Salí de me escondite y disparé tan rápido como pude. Los tres dieron en el blanco, avancé un par de pasos y volví a ponerme a cubierto. William me hizo señas para que cubriera su avance, solo quedaban dos hombres entre el jet y nosotros.

—¡Cúbreme! —pidió William.

Sin pensármelo dos veces abrí fuego y observé como mi compañero lanzaba uno de sus explosivos.

—¡Dispárale! —gritó.

Confié en no errar el tiro y apreté el gatillo. Esperaba una implosión, pero el estruendo y la onda expansiva fue mayúsculo. El jet ardía y Dave se levantaba del suelo magullado.

—Quedas detenido por el asesinato de Gerald Adser —anuncié encañonándole.

—No tienes pruebas —contestó Dave levantando las manos.

—Tenemos a Lexa— intervino William.

—¿La puta? —Expiró profundamente y tosió con dificultad—. Poco podrán decir un montón de cenizas. ¿Ves ese humo de ahí?

Alcé la vista y contemplé un humo negro que salía de una de las chimeneas.

—Habéis llegado tarde —sentenció Dave risueño.

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