Mary Sue

Se giró al escuchar un grito y descubrió que Mary Sue se arrojaba al vacío. Haciendo caso omiso de las órdenes policiales, se acercó al borde y contempló cómo la mujer caía a gran velocidad. Sin pensárselo dos veces se lanzó tras ella. Sabía que le sería imposible alcanzarla pese a su mayor masa corporal, pero aun así, no podía abandonar a su amada. Habían llegado hasta allí juntos, superando innumerables contratiempos, y no podían terminar de otra forma: moriría junto a ella. Mientras descendía rememoró el día en que la conoció en aquella fiesta benéfica en la que ambos habían planeado el robo de las joyas del anfitrión, y solo la cooperación y repartición de ganancias les salvó la vida; Mary Sue siempre tenía un as en la manga que solventaba los problemas.

Divisó un punto rosa cada vez más grande que se acercaba a él. «Un as en la manga. Siempre tiene un as en la manga» se repetía mentalmente cuando, sin tiempo a reaccionar, chocó contra un paracaídas rebotando con fuerza y saliendo disparado en dirección opuesta. Notó un gancho que le agarró de la pierna con firmeza. Tan rápido como recobró la compostura, alzó la vista y descubrió a su amada. Sonreía, y del mismo paracaídas salía un cable uniéndolos a ambos.

—Sabía que vendrías detrás de mí —dijo atrayéndolo hacia ella y besándolo en los labios.

Quedan rigurosamente prohibidas, sin la autorización escrita del titular del Copyright, bajo la sanción establecida en las leyes, la reproducción parcial o total por cualquier medio o procedimiento comprendidos la reprografía y el tratamiento informático, y la distribución mediante alquiler o préstamo público.