Negocios

Abro la botella y sirvo un poco de vino en mi copa y en la de BigMonkey.

—Me han dicho que es de excelente calidad —anuncio risueña, observando el líquido a contraluz.

—No entiendo cómo una guerrera como tú pierde el tiempo con estas bebidas primitivas —exclama rechazando la copa y apartándola a un lado—. ¿Vamos a hablar de negocios o qué? —añade colocando una bolsa sobre la mesa.

—¿No vas a dejarme disfrutar de este vino?

—Sabes que no me siento cómodo en esta nave —explica—. Y menos, estando él por aquí cerca…

—¿Brekhan? —exclamo mirando a mi segundo—. ¿Todavía no habéis hecho las paces?

—Antes me lanzo a un agujero negro.

—No, por favor. —Me acerco la copa a la nariz—. Dónde encontraría a un mono tan mono como tú, ¿eh? —añado guiñándole un ojo.

BigMonkey se levanta de la silla molesto y recoge la bolsa dispuesto a marcharse.

—Siéntate —le ordeno con semblante serio.

El primate me mira dubitativo, desvía la mirada hacia Brekhan y vuelve a mirarme.

—¿No me has oído?

—Su valor en el mercado negro son cien mil Bitcoins —dice sentándose de nuevo.

—¿Cien mil? —exclamo moviendo ligeramente la copa en círculos—. Ya veo… ¿Y cuánto quieres?

—Cien mil.

Aparto la vista de la copa y le miro forzando una sonrisa.

—No me interesa —anuncio volviendo a oler el vino.

—¿Cómo? Teníamos un trato —dice erizando el pelaje—. No puedes imaginar lo que me ha costado traerte esto… —añade mirando la bolsa.

—Teníamos un trato, sí. Pero tú no vas a fijar el precio.

—No estás en posición de negociar —exclama levantándose.

—¿Que no? —digo llevándome la copa a los labios—. Brekhan, díselo tú.

BigMonkey se percata cómo mi segundo se lleva la mano a la pistola por lo que desenfunda su blaster. Contemplo sorprendida cómo ese maldito mono agarra la bolsa y dispara a Brekhan en la sien. Da una voltereta sobre sí mismo y con la cola me lanza la botella de vino que hay sobre la mesa. Consigo esquivarla a duras penas mientras veo cómo huye de la habitación.

Me volteo y observo enfurecida el vino derramándose por el suelo. Me levanto, cruzo la puerta y me dirijo al puesto de mando.

—BigMonkey ha acabado con tres operarios en el hangar —me anuncian al entrar en la sala—. ¿Acabamos con él?

—No. Dejádmelo a mí —contesto acercándome al puesto de artillero.

Me pongo cómoda y contemplo en las pantallas cómo la nave de BigMonkey se abre paso por el hangar hasta salir al espacio exterior. Sigo con el visor sus escurridizos movimientos y cuando lo tengo a tiro, disparo con el cañón a máxima potencia.

—Eso por romperme esa magnífica botella de vino —sentencio al ver la nave desintegrarse en una gran explosión.

Quedan rigurosamente prohibidas, sin la autorización escrita del titular del Copyright, bajo la sanción establecida en las leyes, la reproducción parcial o total por cualquier medio o procedimiento comprendidos la reprografía y el tratamiento informático, y la distribución mediante alquiler o préstamo público.