La habitación

Su perfume me envuelve nada más acercarme a ella. La miro de abajo arriba maravillándome ante su belleza. Me besa en la mejilla con ternura y la rodeo con un abrazo.

Caigo rendido ante su seductora presencia. Mirándola a los ojos, le cojo la mano y se la beso. Su sonrisa hace que mi corazón comience a latir más deprisa.

−Vayamos a nuestra habitación −propone ella−. Sé que todavía tienes dudas y no quiero que esta noche pienses en otra cosa que no sea yo.

Asiento con la cabeza y nos marchamos hacia el ascensor.

Una vez en la habitación, me besa el cuello y me baja los pantalones. Me empuja hacia la cama, comienza a bailar y a quitarse la ropa.

En este momento, mientras me lanza su sujetador con una sonrisa picarona, soy consciente de que ya no hay esperanzas de salvar mi matrimonio.

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