La cueva del dragón II

(Continuación de “La cueva del dragón I“)

—Creo que no ha sido buena idea entrar en esta cueva —habla Rym deteniéndose—. Estamos dando vueltas. ¿No hemos pasado antes por aquí? —añade al ver la bifurcación que tienen delante.

—Es posible —contesta Bonn sentándose en el suelo y dejando la antorcha apoyada en la pared—. Pero tenemos que encontrar esa reliquia sea como sea… Presiento que estamos muy cerca de ella.

—¿Tengo que recordarte como de fiable son tus presentimientos, Bonn? —dice Rym sentándose a su lado.

—Si lo dices por aquella vez en la montaña de…

—No, no —interviene—. No hace falta que te vayas tan lejos en el tiempo. ¿Ya te  has olvidado de la partida de dados de hace un par de días en la taberna del Mapache dormido? —Le mira con picardía y sonríe.

—¡Uf! —exclama llevándose una mano a la nuca—. Aquello si que fue una buena metedura de pata, ¿eh?

—Ya lo creo. —Ambos estallan en una sonora carcajada.

Las risas se expanden por los túneles hasta atenuarse en la distancia cuando de pronto Bonn se levanta y señala el camino de la izquierda.

—¿Puedo saber porqué? —espeta Rym cruzándose de brazos.

—Escucha —contesta llevándose un dedo a su oreja—. Nuestras risas todavía pueden oírse.

Rym se levanta, recoge la antorcha y se acerca a Bonn.

—Sabes que iría contigo hasta el fin del mundo, ¿verdad? —Le besa en la frente y le coge de la mano—. Sí dices que es este camino, iremos por él.

—Pues algún día tendremos que ir al fin del mundo —exclama al tiempo que inicia la marcha—. Pero esperemos que hoy no sea ese día.

—¿Porqué? —pregunta confundida.

—Primero quiero conseguir esa diadema que supuestamente te permitirá utilizar tus poderes sin sufrir consecuencias. —Se detiene y se gira—. Sé que utilizas tu magia a mis espaldas y que al hacerlo, aparte de sacrificar un valioso tiempo de tu vida, te sientes culpable por ocultármelo. Por eso es tan importante conseguirla —concluye besándola en los labios.

—Lo siento, Bonn.

—No lo sientas. Si yo tuviera tu don, ya hubiera muerto hace mucho tiempo. Es normal que quieras experimental con la magia. ¿Quién en su sano juicio no querría?

—Pero…

Bonn la hace callar colocándole un dedo en los labios.

—Vamos a por esa maldita reliquia —dice reanudando la marcha.

Al rato de caminar y dejar varios pasadizos atrás, llegan a lo que parece ser una enorme cámara mortuoria. Cuando entran en la estancia una corriente de aire les golpea y la luz de la antorcha se apaga quedándose completamente a oscuras. Bonn maldice por lo bajo, se detiene y trata de encenderla otra vez cuando un sonido llama su atención.

—¿Qué ha sido eso?

—Parecía algo pesado —susurra Rym—. ¿Qué ves?

Bonn inspecciona en la oscuridad y permanece en silencio.

—Veo varios sarcófagos… —dice en el mismo momento en que la tapa de uno de ellos se desliza hasta caer al suelo provocando el mismo sonido que antes.

—¿Se están abriendo? —pregunta Rym llevándose la mano a la empuñadura de su daga.

—Eso parece…

—No te separes de mí. —Bonn la coge de la mano y la guía en la oscuridad—. Será mejor no encender la antorcha.

Avanzan con lentitud por la sala cuando una luz emerge de la nada y les ciega momentáneamente. Las diferentes teas que cuelgan de las paredes se encienden una a una, delatando su posición a la docena de esqueletos que están saliendo de los sarcófagos. Los no-muertos cargan contra ellos, pero Bonn se adelanta a sus movimientos y embiste a los dos primeros, haciendo que sus huesos salten por todas partes. Agarra su maza y golpea a un par más.

Rym recula y observa como uno a uno, todos los sarcófagos de la estancia se abren y sus ocupantes se lanzan sobre su compañero.

 

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