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Carpe diem et memento mori

Inhalo profundamente, dejándome caer en el sofá, y siento la oleada de droga entrando en mi organismo. Abro los ojos mirando al techo y disfruto de mi último viaje.

Apenado doy otra calada mientras me acerco a la mesa y recojo la jeringuilla. Tiene la dosis adecuada, me llevo el pitillo a la boca y enciendo el mechero. Caliento la heroína en pocos segundos y aproximo la aguja a una de mis venas.

Inyecto su contenido por enésima vez y sonrío. Una punzada de dolor me atraviesa todo el cuerpo mientras noto como mi vida se marchita.

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