Categorías
Relatos

Columnas de granito

—Tenemos unas dos horas libres. Podríamos ir a un sitio guapo que conozco —sugirió Jack.

—No me he pegado un vuelo de tres horas para hacer turismo por la ciudad. Vayamos a un bar cualquiera y comencemos a tajarnos…

—Ya tendrás tiempo de emborracharte en el festival, tío —reprochó Jack—. Está a cinco minutos de aquí.

—¿Qué es ese sitio al que quieres ir? —preguntó Nate.

—Ahora es una iglesia. —Sonrió, encogiéndose de hombros—. Pero eran unas termas romanas. Vais a fliparlo, os lo garantizo.

—¿Quieres que vayamos a una puta iglesia? —intervino Tom.

—Sí. Pero una vez estés dentro te va a dar lo mismo lo que sea… ¿Qué me dices Rococó? —exclamó Jack mirándole.

—¿A cinco minutos de aquí? —preguntó entrecerrando los ojos.

—Sí. Es aquello de allí —señaló Jack, desde la parada de buses.

—¿Aquello? —habló Tom—. ¿Esas ruinas al otro lado de la carretera?

—Claro, ya os he dicho que está aquí al lado. Entramos y cuando os aburráis nos largamos.

Tom miró a Rococó y se encogió de hombros.

—Si no vamos, nos va a dar el coñazo todo el fin de semana… —dijo al fin.

—Por mí vale —respondió Rococó—, a mí también me molan estas cosas de romanos.

Todos se volvieron hacia Nate quien miraba el móvil ajeno a todo. Al sentirse observado alzó la vista e hizo una mueca.

—¡Decidido pues!

Los cuatro comenzaron a caminar esquivando la marabunta de gente que transitaba en todas direcciones. Jack aprovechó el rato que estuvieron esperando en el paso de cebra para ir dando información sobre las termas.

 —Es aquello de ahí —dijo, señalando unas ruinas al otro lado de la avenida—. Ahora apenas queda nada de los materiales originales.

—¿Saqueos? —preguntó Rococó.

—Sí. Las termas se construyeron alrededor del año trescientos, así que puedes hacerte una idea del tiempo que han tenido para desvalijarlo todo.

—En Wikipedia pone que la iglesia se construyó en el siglo XVI —intervino Nate, sin levantar la vista de su móvil—. De hecho, es una basílica y no una iglesia: la Basílica de Santa María de los Ángeles y los Mártires.

—Correcto —afirmó Jack—, se dice que las termas las construyeron esclavos cristianos. De ahí que hicieran la iglesia…

—Basílica —corrigió Nate—. Si vas a explicarlo, hazlo bien…

Jack le miró y comenzó a reírse en el mismo instante en que el semáforo se ponía en verde.

—Pues como bien decía, nuestro querido Nate —prosiguió Jack con guasa, cruzando la avenida—, durante las obras murieron miles de esclavos. Y uno de los papas decidió construir una basílica en el mismo lugar, aprovechando la estructura que todavía se conservaba.

—¿La fabricaron con ladrillos? —preguntó Tom.

—Era el material que utilizaban, sí. El interior estaba revestido de mármol y mosaicos, pero como ya os he dicho: no hay mucha cosa…

Jack se adelantó y rodeó el recinto.

—La entrada esta por aquí —informó esperándoles en la puerta.

Un cántico salía del interior y el olor a cirio comenzaba a ser palpable.

—No me jodas que están haciendo una misa…

—A juzgar por la hora que es, es muy posible —exclamó Jack—. Lástima, no podremos ir hasta el final, pero solo con ver la nave principal tenemos de sobras.

Jack fue el primero en entrar, seguido de Rococó y Tom. Nate, reacio, fue el último en hacerlo.

—¡La madre que me parió! —exclamó Rococó al entrar mirando hacia arriba—. ¿Cuántos metros hay hasta el techo?

—Pues si mal no recuerdo, estas columnas de granito miden unos veinte metros. Supongo que habrá unos treinta o así…

—Joder —dijo Tom—, y yo que pensaba que iba a estar echo una mierda como lo de afuera…

—Que va… —habló Jack—. Odio el cristianismo, pero gracias a él se han conservado maravillas como esta.

—¿Y esto dices que eran unas termas? —preguntó Rococó—. Es enorme. ¿Cuánta gente cabía?

—No estoy seguro, pero creo que unas tres mil personas —contestó Jack—. Ahora estamos en lo que era el tepidarium, una especie de vestíbulo.

Todos miraron a su alrededor.

—Aquí pone que estaba la piscina más grande que se ha construido nunca en unas termas —intervino Nate, mirando el móvil—. ¿Dónde quedaría esa piscina?

—Queda al otro lado. Estamos en la parte de atrás. A las termas no se entraba por aquí.

Rococó se avanzó al grupo, cruzó el crucero de la basílica y reparó en los mosaicos del suelo. Los cánticos se escuchaban más fuertes y se mezclaban con las notas de un órgano.

—No veas como suena eso, ¿no? —habló Rococó al verlo—. ¿Aquí todo es enorme o qué?

Spiacente —dijeron a sus espaldas—, non puoi bere alcol qui.

Se giraron y un hombre vestido con una sotana se acercó a ellos dando grandes zancadas.

—“Scusi” —contestó Rococó haciendo un gesto con la mano—, non parliamo el “italiani”.

—Non pui farlo, no pui farlo qui —repite señalando a Tom.

Al mirarle nos percatamos de que sostenía una lata de cerveza en la mano.

—¿De dónde cojones has sacado una birra? —exclamó Jack, abriendo los ojos de par en par.

—Se la he comprado a un indio en el semáforo. —dijo llevándose la mano a la nuca—. Pero no os preocupéis, también he comprado para vosotros.

Queda rigurosamente prohibida, sin la autorización escrita del titular del Copyright, la reproducción por cualquier medio o procedimiento,  y la distribución mediante alquiler o préstamo público.