El poeta

No conforme con engatusar a jóvenes pueblerinas

a las que bajaba las enaguas con tan solo tres de sus rimas,

quiso llevarse al huerto a una de sus primas.

 

El averno le reclamó cuando su pene desenfundó

y con la semilla del diablo la fecundó.

 

Ahogando sus penas en vino

vivió sus últimos días como un gorrino

hasta que, a manos de una antigua amante,

y con un corte en el gaznate,

le llegó la muerte a este maldito pillastre.

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