Ropa de abrigo

La primavera había llegado, el solecito comenzaba a calentar y las temperaturas eran agradables. Lo que significaba cambiar la ropa de abrigo por la de buen tiempo —una de las tareas domésticas que más pereza me dan—. Quise comenzar por lo más duro, así que me dirigí a la pila de ropa que había sobre la silla y con gran esfuerzo separé la que había que lavar de la que no. Tras pasarme toda la mañana plegando ropa, cogí la última prenda: una chaqueta —que en su momento me pareció monísima y que al final me había puesto una única vez—, y rebuscando en sus bolsillos me encontré con el número de lotería que había dado por perdido un par de meses atrás. El número me resultaba familiar, por lo que tras verificarlo en Internet descubrí que era un boleto premiado con el primer premio. ¿Podría cobrarlo todavía?

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