Muñeco de nieve

Cuando hice aquel muñeco en navidad no esperaba que se convirtiera en una molestia. No era común que su nieve siguiera fría y compacta a principios de mayo, y mis intentos de acabar con él fueron en vano.

Un día, al levantarme y mirar por la ventana, el muñeco de nieve había desaparecido. No cabía en mí de la alegría. Pero aquella felicidad duró poco. Cuando bajé a la cocina me lo encontré rebuscando en la nevera. Al girarse me sorprendió con una nueva zanahoria en su gorda cara.

—Es mi turno —me amenazó con una sonrisa macabra.

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